Vagando en la noche por el centro de Lima con las tripas alborotadas por el hambre encuentro en una esquina a una señora morena, grande y robusta que vestía un mandil color turquesa. Ella estaba vendiendo anticuchos en una carretilla. Sin pensarlo dos veces me siento en su banquito de madera y le pido tres palitos de anticuchos con bastante rachi. Después de cinco largos minutos de espera, la “tía Pepa” como se llamaba su pequeña carretilla y supongo que ella también, me sirve en un pequeño plato de tecnopor las raciones de carne que le pedí.
Al terminar de comer me quedé anonadado con la sazón que aquella señora provocó en mis papilas gustativas, sin duda que esos anticuchos eran de los mejores que he probado. Jamás me hubiese imaginado que los encontraría cerca a Jirón de la Unión en una carretilla casi en medio de la pista.
Sin duda los limeños somos gente de buen diente como se dice criollamente, nos gusta comer rico y bastante, la verdadera comida no siempre se encuentra en restaurantes pudientes o de varios cubiertos, a veces la buena mano de una excelente cocinera puede estar en una carretilla o un toldo. Así como la “tía pepa” hizo que me vuelva su fiel seguidor, debe haber miles de carretillas en nuestra ciudad con persona que tienen magia en las manos. Quizá por tal motivo RPP ha lanzado una encuesta llamada mi plato favorito de carretilla, donde todos los que hemos comido en la calle podemos elegir.

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